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San José de Apartadó, Antioquia, Colombia.
Nallely y Edinson viven en una vereda llamada La Esperanza en lo alto de una montaña, la Serranía del Abibe. Ambos hacen parte de la comunidad de paz de San José de Apartadó, una comunidad que resiste desde hace 27 años de manera no-violenta al desplazamiento forzado por grupos armados al servicio de los grandes mercados de la industria y del narcotráfico. Una comunidad que ama y defiende su territorio, sus bosques, sus ríos y las piedras de sus ríos. Como todos los otros miembros de la Comunidad de Paz, Nallely y Edinson se oponen a la construcción de una carretera ilegal impuesta por paramilitares, militares y traficantes al servicio de los grandes poderes de la región. Carretera que pasa precisamente por su vereda llamada La Esperanza.

El pasado 19 de marzo, Nallely y Edinson fueron asesinados.

Toribío, Norte del Cauca, Colombia.
Carmelina es una Mayora del pueblo nasa. De las mayoras que orientan a las nuevas generaciones mientras teje jigras y mochilas. De las mayoras que, desde hace años, empuñan sus bastones de guardia indígena cada vez que es necesario defender el territorio de los actores armados, de los narcotraficantes, de las multinacionales, de los extractivistas. Carmelina también acompañó ese día a la comunidad con su bastón en la mano, cuando estaban tratando de rescatar unos jóvenes que iban a ser reclutados a la fuerza por un grupo armado al servicio del narcotráfico.

Ese día, 17 de marzo Carmelina fue asesinada.

Las bombas y la balas llueven. Los funerales y los duelos se suceden, unos a otros. Las noticias caen, contundentes y inexorables. Nos recuerdan que vivimos en un territorio donde nunca paró la guerra. Una guerra que no se puede disociar de su dimensión colonial, hace 500 años como hoy: es para defender el territorio, la tierra, la Madre Tierra que las comunidades nasa y campesinas luchan. Es para defender todos los saberes, practicas, formas de vivir que son arraigadas y cultivadas en ella hace miles de años. Y también es por eso que son la piedra en el zapato del poder.

Desde este rincón del mundo, somos testigos de otro escenario de guerra, en Gaza. Allá, las consecuencias de la opresión colonial están llevadas al extremo, hasta el genocidio. Allá, llueven balas, bombas, pero también cargamentos de ayuda humanitaria -abyecta limosna de las grandes potencias para comprar su salvación redentora y así maquillar su horrible complicidad. Es un aguacero de indignidad sin nombre. Frente a estas espirales de violencia y destrucción que se repiten y se intensifican, y frente a la impunidad de los responsables, nos sentimos indignados, furiosos, desesperados, impotentes.

Entonces, ¿para qué seguir haciendo teatro?
Nos lo preguntamos a veces, como el grillo atrapado por el invierno y que piensa en toda la comida que habría tenido que guardar al lugar de cantar a todo pulmón. Acá, al verdad, no sufrimos del invierno sino de la sequía. La lluvia se enfermó. Viendo que las balas la remplazaron, se siente aburrida. No tiene animo para compartirnos la bendición del agua.

Y nosotros, pues, igual. Frente a época tan oscura, casi que se nos acaba el aliento, se nos rompe la voz, se nos apaga la imaginación.

Pero entonces, de pronto es justamente por eso es que hay que seguir haciendo teatro.

El teatro como una fuerza de la memoria.
Pero ojo, no la memoria que se archiva como los álbumes de fotos que apenas abiertos ya se están cerrando y se llenan de polvo guardados en algún armario. No la memoria paralizada como los grandiosos monumentos de la Historia impuesta que afortunadamente se están empezando a tumbar. No la memoria que repite y obedece como las lecciones escolares aprendidas maquinalmente sin tocar nunca el corazón.

No, hablamos de la memoria como fuerza de vida; aquella que siempre brota de nuevo como un ojo de agua, aquella que nunca dejará de existir como un bosque talado que vuelve y vuelve a retoñar. La memoria que acciona. Porque la esperanza vive en las historias que guardamos en el corazón y que nos contamos para poder seguir caminando. Porque la palabra es mágica y que al momento que se teje del lado de las resistencias, les da fuerza para permanecer y convocar.

Tenemos que contar las luchas de las comunidades para defender los territorios y vivir libres. Aquí como allá queremos seguir apoyando estas resistencias de las comunidades frente a los monstruos del miedo y la destrucción colonial y extractivista. Tenemos que poner en escena su coraje, su determinación, sus sabidurías, sus risas, sus recursos infinitos. Tenemos que seguir murmullando, gritando y compartiendo les historias de la gente de a pie y de pie, los relatos de aquellos que defienden el valor de la vida por encima de la cobardía traicionera de los enfermos de la ambición. Operación bullicio: que nuestros relatos inunden sus industrias, sus batallones, sus templos de la bolsa, se enreden como bejucos en sus maquinas de muerte, lleguen cómo avalanchas en sus emisoras del no-pensar, arriba en sus cumbres destructoras.

Para que podamos imaginar qué es posible resistir a la maquina aplanadora del capitalismo; al extractivismo, a la guerra, a la homogeneización del mundo, a las violencias coloniales y racistas.

Que el arte sea como la lluvia del amanecer después de la sequía del verano. Que nos lave todo el miedo que nos han echado en los pulmones y nos permita seguir tejiendo la vida con alegría, transformando el dolor de la muerte en cantos de resistencia.

Nallely, Edinson, Carmelina y todos los demás nos soplarán el libreto, y el viento la melodía de las canciones. El río nos dará la arcilla para esculpir los personajes, y lo demás, lo colectaremos en medio de las sopas comunitarias y de las mingas, en este territorio que nos adoptó y que nos a dado tanto. Más que nunca creemos en un teatro arraigado y hermanado con la vida de la cuál somos los humildes artesanos, admirativos y agradecidos.

Feliz año nuevo!
Aquí estamos otra vez, 3 años y medio, una pandemia y el nacimiento de un nuevo miembro después…
Un nuevo editorial para un nuevo año… – Nuevo año? pero si estamos en plena mitad!, – de hecho ya pasamos la mitad… vamos terminando Julio!

Y claro, Julio bien lo puede explicar todo. Un tal emperador romano Julio César que hace ya 2070 años se le ocurrió inventarse un mes a su nombre en uno de sus arrebatos egocéntricos. Pues 2070 años después aún hay quienes se atreven a decir que el cambio de año es cuando el sol cambia de ciclo… y no el 31 de Diciembre, según el calendario oficial gregoriano heredado de los romanos…

Y ahí está el Cóndor, parado en el centro de una espiral, recibiendo los rayos del amanecer con sus doce jigras, rodeado de flores, de flautas y tambores, de danzas y de nasas que aún celebran el renacimiento del sol. Hoy es el 21 de junio. Estamos en el resguardo Nasa de López Adentro, celebrando el Sek Buy, el inicio del nuevo ciclo del sol.

El Cóndor vs Julio César. La batalla que nació con las conquistas. Y de ahí en adelante, la batalla perpetua. Esta batalla entre dos imaginarios: el uno, junto a la tierra, milenario, colectivo, diverso; el otro, antropo-centrado, imperialista, individualista, construyendo torres y cohetes para alejarse de la tierra… La misma pelea que inspiró la obra de Kiwe Uma vs Ad Astra donde las niñas y los niños de Kiwe Uma le escriben al hombre más rico del mundo contándole por qué se quieren quedar cuidando la Madre Tierra en vez de irse con él a colonizar a Marte. La misma que nos puso a aventurarnos en la pista del Venado para que nos revele los senderos de resistencia del bosque a la locura del Hombre moderno… Esta batalla que se pelea en las tierras, las cabezas y en los corazones, y de la cual depende la cara que tendrá el planeta mañana.

Pues sepan que nosotros, nosotras, más que nunca y desde lo profundo del corazón, le vamos al Cóndor. De hecho, este cóndor fue un encargo: “Un cóndor que reciba al sol con las alas abiertas, que se lleve en doce jigras todas las malas energías. Un mensajero hacia el sol.” Así nos dijo la Mayora Cleme con autoridad y ternura. Y con las kapiyasas y las y los luçxkwewesx del Wasak de López cortamos sus plumas, pintamos sus alas, fabricamos sus patas, dimos forma a sus garras…

Para el solsticio el sol madrugó. Los tambores, las flautas y las danzas no tuvieron mucho que esperar para festejar con abrazos, chicha y chirrincho el inicio de un nuevo ciclo.

Nosotros, nosotras, recibiendo este solecito nuevo, festejamos que nuestros títeres y nuestro teatro hayan encontrado un lugar donde existir en su esencia. Celebramos poder fabricar con la comunidad nasa un ser que se vuelva la efigie de un tiempo que no depende de la curva del dólar sino de la curva del sol. Este cóndor es la afirmación que otros imaginarios siguen de pie, en lucha y alegría; la memoria viviente de los pueblos que nunca dejaron de latir con la madre tierra.

Así como este cóndor, sigue parada firmemente la Comunidad de paz de San José de Apartadó que resiste por permanecer en sus tierras e impedir la explotación de sus montañas. Ahí, el teatro hace acto de memoria y revela los horizontes posibles que abre la comunidad. De pie y con fuerza también están las Madres cuidadoras de hijos e hijas en condición de discapacidad– estas mujeres quienes mejor que nadie saben lo que es acompañar un ser a la vida, escucharlo y ayudarlo a existir. Con ellas, con sus hijos, hijas, con el teatro y con nuestros títeres, aprendemos la paciencia del cuidado, la belleza de lo diverso, y actuamos las opresiones de la realidad para transformarla.

Y en esta montonera de seres y corazones, de luchas y de alegrías, agradecemos que ustedes nos están acompañando y leyendo desde algún rincón de este mundo.

Feliz nuevo ciclo andino!

31 de diciembre de 2018. Ya casi van a ser las doce de la noche. Nos preparamos a quemar el año viejo, o el taitapuro como dicen por acá. Con el, tradicionalmente, se quema el año que acaba de pasar, y todo lo que cargó de negativo. Acá, con los compas nasa, decidimos aprovechar la ocasión para deshacernos del Capitalismo, así nomás, si señores!

Estamos ahí, juiciosos, esperando la dicha hora con una cierta impaciencia, cuando Ya: lo prendemos. El fuego empieza su festín por la panza, esta panza enorme, repleta por la explotación de la tierra y de la gente. Por fin se le ven las vísceras a este Tragón; será que siente algo en las tripas? si es que tiene?

Le gustaría tirar pedos, de pronto, pero tantos años ya sin respirar, tragándolo todo sin devolver nada, ni gases ni lagrimas, que ya no puede; nunca supo tirar pedos el Capitalismo. Entonces es la pólvora que se encarga de los efectos sonoros: eso estalla en todas partes, explota en ruidos bonitos. Y cada explosión resuena en nuestros gritos de alegría. Diríamos que el trata de conservar su dignidad, si la palabra dignidad era una palabra merecida: su sombrero se quedó derechito, bien puesto, y lleva esta actitud rígida y taciturna de siempre, que le da por muerto aunque viviente. El Demasiado-viejo-y-demasiado-feo conserva su tabaco en la boca hasta el ultimo momento; aquella ultima voluntad de los condenados a la muerte.
En un ratico, ya no será nada más que cenizas. Y nosotros nos sentiremos libres y contentos. Iremos a festejar su muerte. Pero sobre todo, iremos a bailar con la Vida, su víctima principal, la más linda de sus rivales.

2019 empieza bonito. Nos da bastante entusiasmo par seguir nuestro camino: agarrar cada chispa para prender fuegos de alegría, avanzar en la linda tarea de ya no necesitar los dueños de este mundo, fabricar títeres-fetiches de nuestros miedos y de nuestros sueños para contar el universo desde acá, desde ahora, y desde más abajo que de arriba.

Un Feliz año pa’ ti, alegre y sabroso. Buen Vivir pa’ todos.

31 de mayo de 2018 –

Son las 9 de la noche. Luna llena en lo alto. En la casita de San Andrés de Pinsimbalá, los cuerpos y los ánimos están alborotados. Es un hervidero de correderas, música, baile, risas, historias. Eso se mueve, y canta, y juega, regando en el aire una alegría profunda, la alegría del Wet wet fxinzeni o buen vivir, la propia pues.

Hacemos teatro de sombras? La pregunta se repite unas tres veces en forma de afirmación maliciosa hasta que se merma la luz, y con ella la bulla de movimientos y de sonidos. Breve silencio como un puente hasta lo otro: el teatro.

Murmullos, pasitos discretos, búsqueda de siluetas en la oscuridad. Se prende una linterna detrás de la tela; aparecen un árbol, un pájaro, una mariposa, una libélula, una luna, una casa, un personaje… Juego de luz, dibujos negros profundos que se revelan, crecen y decrecen, se mueven al ritmo de la música. Todas las miradas son dirigidas al paisaje cambiante, fascinadas. Es una exploración maravillada, el momento de descubrir con asombro la sombra de las siluetas construidas en el día; y darles vida.. Los elementos llegan y se van, es un baile improvisado que cuenta con un alegre desorden la vida, y la tierra, y la música del universo a ritmo de bambuco caucano.

Cuando de repente sale un cura de la tela, quien persigue con su sagrada cruz dos Nasas sembrando comida. La sala se llena de risas. Ness, Neidy y Leo, escondidos detrás de la tela, los brazos alzados para animar los títeres de guantes, intercambian unas miradas cómplices y maliciosas. Julio César llegará más tarde cantando una Opera imperialista al lado de la Reina de España, la Opera de los invasores. En el público, los adultos y los niños más pequeños tienen unas sonrisas orejonas; y esperan con impaciencia el regreso de los compadres pegándole al cura con el palo de siembra. Se lo ha ganado.

Estamos en la casa de Gentil y Abigail, en la región de Tierradentro. Acá, todos los días, se reúnen 14 niños de 3 a 15 años para aprender a ser Nasas, a vivir en armonía con la Tierra, a ser felices. El proceso se llama Kiwe Uma (Madre Tierra en el idioma nasa Yuwe). Nació del deseo de algunos padres de familia de pensarse una educación distinta a la del sistema educativo de gobierno, encargado de formar los niños al pensamiento occidental capitalista. En kiwe Uma, dicen que este sistema nos metió en la cabeza que para progresar hay que alejarse de la Tierra, elevarse pues: coger un cuaderno y un lapicero, sentarse en sillas altas, en aulas (jaulas) cerradas, ingresar a la universidad, leer el mundo en los libros. En Kiwe Uma, dicen que crecer a lo nasa, es, al contrario, volver a la raíz: hablar el idioma propio, cultivar la relación espiritual y cotidiana con la tierra, leer bosques y quebradas, crecer en comunidad, estudiar sintiendo y pensando con las manos y el corazón… Bajar pues. Ni más ni menos.

Y nosotros, en está noche de luna llena, estamos acá. Adentro todo ríe y murmura bonito. Profundo agradecimiento y orgullo. Estar acá, es de estos regalos que te hace la vida, y que te dejan maravillado, boca abierta, corazón llenito.

Ésta noche es la última de nuestra primera visita a Kiwe Uma. Habíamos venido a compartir un poco de nuestros saberes haceres esperando de que el teatro también pueda servir para caminar al revés, para enraizar, para corazonar, para seguir floreciendo imaginarios propios contando las resistencias y burlándose del orden dominante -de su cabeza gorda, de sus tiempos locos, de sus sueños vacíos. Entonces fueron dos semanas para construir el teatrino, títeres y siluetas, para charlar de los caminos del sol y de la luna contra los minuteros del reloj de Taylor, para bailar, para jugar y contar historias.

Pero también fueron dos semanas de tejer amistades, aprender a repartir comida con la abundancia ilimitada del Pueblo Nasa, calentarse al fogón escuchando el abuelo fuego abajo y los aguaceros en el techo, de jugar futbol, de coger guayabas, de escuchar los toques de tambor y flauta, de mirar las estrellas, pronunciar (mal) algunas palabras en Nasa Yuwe, de recochar bueno… Dos semanas para maravillarse de esta conexión profunda de los niños con la tierra, de su manera de hacer para hacer y no para mostrar. Maravillarse de esta alegría profunda, regada adentro y afuera, fértil, comunicativa. Empezar a entender o más bien a sentir lo que es el Buen Vivir.

A Kiwe Uma, vamos a volver, eso es una certeza. Este fue la primera etapa de un proceso de creación colectiva en teatro de sombras y teatro de títeres que vamos a seguir hasta una gira de presentaciones en los distintos procesos de escuela propia o Wasakwewe’sx a mitad de noviembre.

Continuará…

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Así que allá vamos Toribio!! 
A visitar y escuchar a las abuelas y los abuelos, a caminar buscando las tulpas perdidas en las montañas, a visitar los tules, las chicherías y las lagunas del territorio. A tejer la memoria de la cultura Nasa con retazos multicolor que sabemos están por allí aún vivos entre lomas, piedras y quebradas.

A tejer el teatro con los sueños del corazón: Kxsa’w Üus en Nasa; el nombre del grupo de teatro con quien estamos felices y orgullosos de compartir éste camino que continúa…

La obra se estrenará a finales de Octubre en el salón teatral de Toribio; desde ya los esperamos a quienes puedan llegar hasta allí, a un espacio lleno de murales de La Gaitana, Quintín, el padre Alvaro, Benjamín… Todos líderes de la resistencia indígena, que estarán ya en primera fila.

Acerca de Tele-Tulpa

Con la creación Tele-Tulpa buscamos poner en paralelo la oralidad ancestral y las prácticas tradicionales de la comunidad Nasa con las problemáticas actuales del territorio, poniendo así en escena el contexto presente de la comunidad en donde las fuerzas de aculturación y las fuerzas de armonía y recuperación se confrontan.

En una época donde la comunidad Nasa está afectada por la aumentación masiva de cultivos ilícitos y la presencia de grupos armados en su territorio – elementos ajenos de desarmonía que incrementan la perdida de la cultura propia; creemos en el espacio teatral como un medio pedagógico lúdico y eficiente que reflexiona en presente lo que vive la comunidad, desvelando las problemáticas, apostando a la re-apropiación de las tradiciones,  buscando un lenguaje que toque especialmente a los niños y jóvenes, principales actores afectados por la aculturización y los conflictos que desarmonizan el territorio.

Todos sabemos que es Tele, pero y Tulpa?…

La Tulpa / Corazón de la Casa – I`px Kwet / Yat Üus

“Antes de hacer una casa, 
se preguntaba al The’ Wala donde sería el lugar del fuego. 

Y allí se ponían tres piedras: la madre, el padre y el hijo.
Después de cada comida, 
fuera mañana, medio día o tarde 
nos quedábamos allí al rededor
para escuchar cuentos.”
Palabras del Mayor Virgilio, Resguardo de San Francisco[:]

Toribío, Norte del Cauca, Colombia

Después de una corta pero sabrosa travesía por el invierno francés, rica en pan y queso, llena de reencuentros calorosos, y cargada de energía gracias a un Laboratorio teatral en dos barrios de Aubervilliers (ver Labo TJ), acá estamos. Acá estamos en medio de las montañas verdes del Norte del Cauca; un regreso al verano, a la primavera de las luchas, a las siembras y las cosechas. A la chicha y al maíz. Un regreso a las Tierras Fértiles.

Acá, nuestras maletas se están enraizando, y los tejidos se están fortaleciendo, hilándonos cada día más a la gente, los procesos y el territorio. Acá, es infinito lo que nos queda por aprender – o más bien por desaprender. Desalambrar -dice el viento. Corazón y mente. Acá estamos para desalambrar nuestro teatro, devolverlo a la tierra, a la gente, a las luchas, a la vida; intentando humildemente ponerlo al servicio de los imaginarios y sueños populares.

En Cali, el año pasado montamos una obra de teatro de calle contando la resistencia de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó (ver Apartados). También, con el MOVICE (Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado) trabajamos con las familias de dos mujeres víctimas de desaparición forzada para poner en escena la injusticia de los crímenes de Estado pero también la verdad y la tenacidad de las luchas por la vida (ver Por algo sería). En Toribío, desde agosto caminamos con la Comunidad Nasa, realizando distintos talleres de teatro y procesos de creación colectiva con jóvenes y adultos para que se contara lo que se vive aquí, y lo que se espera (ver Toribío). Bajando hacia el valle, acompañamos el proceso de lucha del pueblo Nasa contra los monocultivos de caña llamado Liberación de la Madre Tierra, integrados a un equipo de comunicación bien bonito (ver Desalambrarte).

Y seguimos caminando, paso a paso, para que el teatro que hacemos sea cada vez más un espacio donde alzar la voz múltiple de los pueblos que no agachan la cabeza, una manera de escuchar los murmullos y los gritos de la tierra, una oportunidad de reunirse para nombrar la realidad desde la raíces, y hallar fuerzas para luchar desde la montonera. Un teatro tejido con el mundo

Después de nueve meses de vida y procesos teatrales en el pueblo de Palomino, desde febrero hemos instalado nuestra base en Cali; gran ciudad al sureste de Colombia. Acá, se juntan los perfumes, los colores y la gente del Valle, del Cauca, y por supuesto, del Pacífico. Indígenas, afros, todos agro-descendientes – así está escrito en una pared de la ciudad. Cali es un hervidero cultural, popular e irreverente, que se expresa en murales coloridos, que se rapea en los buses, que se cuenta en los parques y jardines.

Acá, sacamos nuestro teatro a las calles, actuando y ensayando frente a peatones conmovidos y exigentes; disfrutando el placer de crear en espacios abiertos y de apropiarnos de ellos (ver Apartados).

Integrados poco a poco a una gran red de educación popular, diversa e inventiva, apoyamos las luchas urbanas, feministas, a través del humor y la poesía de nuestros títeres.

También descubrimos el norte del Cauca, la organización de comunidades Afros, y la fuerza de la organización indigena Nasa en al construcción de su autonomía y su lucha por la liberación de la madre tierra.

Humildemente, tratamos de poner nuestros títeres y las técnicas del teatro del oprimido al servicio de espacios de debate alrededor de las problemáticas de la región (presencia de grupos armados, acaparamiento de la tierra por algunos terratenientes muy poderosos, narco-tráfico…) ver Toribio y de las luchas sociales que las enfrentan. Aprendemos muchísimo, tratando de entender y contar el momento que está viviendo el país, oscuro y luminoso a la vez.

Y nuevos cocineros se acercan a la olla!!: Katerine y su risa en carcajadas, Marcelo y sus tambores, Lady y su lucidez risueña. Y también, de Myriam a Emil, de Martin a Hannah, los llegados del otro lado del charco oceánico nos ayudan a construir este puente que soñamos tanto entre los sures y los nortes, trayendo a la sopa exigencia, frescura, trompeta o break-dance, y fortaleciendo el colectivo de lindas brisas que proyectan los por-venir